Novena al STMO. Cristo del Caloco

EL ESPINAR 2020

Recemos en familia desde nuestras casas

Es tiempo todavía de trabajar por tu reino,

tu proyecto y tu utopía,

hasta que todos nos sintamos Hermanos en una misma tierra

e hijos de un mismo Padre.

 

En ti confiamos, Cristo del Caloco.

 

 

HIMNO AL STMO. CRISTO DEL CALOCO

 

Santo Cristo del Caloco

de El Espinar tan querido,

Sacra imagen del ungido,

que nos dio la salvación.

 

Si en todas las aflicciones,

das consuelo al que te implora,

a este pueblo que te adora,

dale amparo, dale amparo,

dale amparo y protección.

 

A este pueblo que te adora,

dale amparo y protección.

 

A este pueblo que te adora,

dale amparo y protección.

 

 

 

 

ORACIÓN AL CRISTO DEL CALOCO

 

Hoy te rezamos desde nuestras casas y trabajos,

desde nuestras calles sin fiestas,

desde nuestros lugares de esparcimiento,

 

desde el fondo de nuestros corazones.

 

Te queremos traer cada tarde:

el ambiente de nuestros hogares,

la ilusión de nuestros hijos pequeños,

la preocupación de nuestros jóvenes,

el agitado trasiego de los ancianos.

la enfermedad en nuestras familias.

 

Este año los sufrimientos

por el Coronavirus; el dolor de los enfermos;

el llanto de los familiares que han perdido

a sus seres queridos; la incertidumbre

y el miedo en el que vivimos, los problemas del mundo.

 

Aquí tienes Cristo del Caloco, nuestros deseos de felicidad,

nuestros paseos hasta tu ermita,

los arroyos, el pinar, las fuentes, parques

y paseos por el monte que nos relajan.

 

Y por fin aquí está el hondo anhelo de nuestro ser,

la soledad que a veces nos espanta,

el miedo a perderlo todo en un instante,

las heridas de los múltiples rencores,

el deseo de alegría plena.

 

Ayúdanos Cristo Jesús, Cristo del Caloco a encontrar tu alivio en todo:

en el monótono “sobrellevarnos” de los hogares,

en el esfuerzo por la justicia dentro del mundo,

en el acercamiento a nuestros mayores,

en la acogida de los emigrantes que vienen a vivir aquí.

 

En lo hondo de nuestra amistad.

 

 

ORACIÓN FINAL

 

Jesús, Cristo del Caloco,

causa de nuestra vida, medida de todo bien.

Vengo ante tí para escuchar, acoger y seguirte.

Tengo tanto que pedirte,

tanto que agradecerte, recibe mi oración y alabanza.

 

Tú lo eres todo para mí,

que siempre sienta tu presencia y ayuda en las dificultades.

Que el recuerdo de tu amor, entregado en la Cruz

me ayude a amar a mis semejantes,

a obrar el bien y perdonar como Tú me perdonas.

Quiero ser uno de tus fieles seguidores,

dame un corazón semejante al tuyo,

seguirte es mi sueño.

 

Hazme sentir el cariño de tu Madre: Nuestra Señora del Caloco,

que ella también nos cuide y nos proteja como madre nuestra.

Ayúdame a querer y estar cerca de los empobrecidos y excluidos.

Permíteme hacerlo a tu lado:

humilde y sincero, compasivo y libre, audaz y valiente,

universalmente fraterno, sin más honor que el servicio.

Creo en ti, confío en ti, espero en ti.

 

 

TEXTOS BÍBLICOS Y ORACIONES PARA CADA DÍA

 

 

1º dia

 

Rm. 5,12-21  Por un hombre entró el pecado en el mundo, por Jesucristo hemos sido salvados y justificados.

 

 

Señor Jesús, muerto y resucitado, el camino que conduce de la cruz a la resurrección es sorprendente. Es Evangelio, buena noticia. Te doy gracias por tantos evangelios: a pesar de mis traiciones, tú siempre me amas; a pesar de mis vacilaciones, tu me abres al optimismo.

 

2º día

 

Rm. 14,7-12  En la vida y en la muerte somos de Dios.

 

      A ti se dirige, Señor Jesús, mi canto. Mi Señor, Jesús crucificado. Tú, Jesús, sales del sepulcro y lo dejas vacío.Tú, Jesús, vives y me haces vivir. Tú, Jesús, me curas y me salvas. Tú, Jesús, avivas mi esperanza. Para tí. Jesús, hoy y siempre mi alabanza.

 

3º día

 

Gal. 6,14-18  Yo he de gloriarme en la cruz de Cristo.

 

Me fio de ti, Jesús, amigo y compañero de camino, que te hiciste carne como nosotros y pisaste el polvo de nuestras calles. Me fio de ti, Hijo de Dios. Me fio de ti, Hermano de todos los crucificados, que los liberas del mal y de la muerte para que vivamos contigo llenos de alegría, siempre.

 

4º día

 

Ef.1,3-12 Dios nos eligió y nos bendijo en Cristo.

 

      ¿Por cuántas cosas podemos dar gracias? No lo sé. Delante de ti, de tu darte sin medida, las palabras se acaban y solo queda el corazón agradecido. Te das todo entero por mi para que yo pueda volver a ser yo mismo, el que tu soñaste que debía ser.

 

5º día

 

Ef.2,4-10 Dios nos salvó por Cristo, no por nuestros méritos.

 

Jesús reza por nosotros, somos tu pueblo, que a veces nos olvidamos de amar como Tú. Reza por nosotros para que nuestro corazón aprenda de tí a darse sin reservas, a construir fraternidad allí donde reine la hostilidad.

 

6º día

 

II Cor.4,7 Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro para que se manifieste la fuerza de Cristo.

 

Gracias, Jesús, por habernos confiado la responsabilidad de continuar tu misión. Gracias por la Palabra que nos has dejado; con ella iremos al encuentro de nuestros hermanos venciendo la oscuridad y el miedo, Gracias, por el pan con que nos alimentas, que nos ayuda a superar el desaliento y la tristeza. Gracias por tu perdón, que sana, limpia y restablece lo más profundo de nosotros mismos y nos anima a construir una humanidad nueva.

 

7º día

 

Rm. 8,31-39 ¿Qué podrá apartarnos del amor de Dios?

 

Jesús, has sido muy claro: nos has prevenido ante las persecuciones. Seguirte, nos dices, es incómodo y peligroso. Vuelvo la vista atrás y pienso en las pequeñas y grandes oposiciones que mi fe ha encontrado. Y descubro también, que en ocasiones me dejé arrastrar por la corriente. Me anima comprobar que mis dificultades fueron también las tuyas. Así, tu fidelidad me alienta e inspira hoy y siempre.

 

8º día

 

Rm. 6,3-11  Por el bautismo nos incorporamos a la muerte de Cristo.

 

Te miro a ti, Jesús, y confieso que Dios es como tú nos lo muestras. Miro, Jesús, tus gestos de amor y de nuevo me entusiasmo y hago mio el trabajo por el reino. Miro, Jesús, tu vida entregada en la cruz y percibo hasta que extremo llega el amor incondicional de Dios. Te miro, Jesús resucitado, y se acrecienta en mí el deseo del cielo.

 

9º día

 

I Cor.1,17-25 La cruz es fuerza de salvación.

 

La vida es frágil, Señor. A pesar de todo, intento dejar el miedo. Si te acojo en mi débil barca, si te dejo sitio en mi vida, yo sé que no dejarás que me hunda. Cuando yo te dejo entrar, las tempestades se calman y el corazón vuelve a latir sereno. Cuando tú te aproximas, tu luz ahuyenta la noche y la esperanza me envuelve.